EL PRIMER ENCUENTRO CON EL MAESTRO:
Escuchar, seguir a Jesús y vivir con Él
Juan 1, 35-42
“El aprendizaje de la sabiduría celestial no tiene hora determinada:
todos los momentos
son buenos”
(San Juan Crisóstomo)
“Maestro, ¿Dónde vives?
Venid y lo veréis”
Introducción
Hemos comenzado el llamado
“Tiempo Ordinario”, tiempo que no es de segunda categoría con relación al
tiempo “fuerte” que acaba de pasar, sino espacio de crecimiento en la fe en
Cristo quien manifestado en la carne y glorificado en su muerte y resurrección
nos llama a seguir sus huellas cada de día de nuestra vida. Este es el tiempo
del “discipulado”, del seguimiento, del aprendizaje de las rutas del Evangelio.
En este domingo y en el próximo, junto con el
Evangelio, daremos el primer paso del discipulado, esto es: la respuesta a la
llamada. Los evangelios de Juan y de Marcos nos dan dos versiones distintas del
llamado del primer grupo de discípulos y con cada uno descubrimos nuevos y
ricos matices del misterio de la vocación cristiana.
Escrutemos las riquezas de este maravilloso
pasaje que nos enseña cómo es un encuentro con Jesús.
- El texto en
su contexto
Leamos
Juan 1, 35-42:
“35Al día siguiente, se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36Fijándose
en Jesús que pasaba, dice:
«He ahí el Cordero de Dios».
37Los dos discípulos le
oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
38Jesús se volvió, y al
ver que le seguían les dice:
«¿Qué buscáis?»
Ellos le
respondieron:
«Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?»
39Les respondió:
«Venid y lo veréis»
Fueron, pues,
vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora
décima.
40Andrés, el hermano de
Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a y habían seguido a Jesús. 41Este
se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, ‘Cristo’.
42Y le llevó donde Jesús.
Jesús, fijando
su mirada en él, le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan;
tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, ‘Piedra’ ”.
1.1. Contextualicemos
En el primer capítulo del evangelio de Juan se
hace una presentación progresiva de la persona Jesús, de esta manera:
(1)
El
prólogo-Himno (Juan 1,1-18) que nos anuncia quién es Jesús y nos presenta las
líneas principales del Evangelio;
(2)
El
testimonio de Juan Bautista (Juan 1,19-34), en el cual se hace una presentación
de la persona de Jesús, mientras éste entra en escena;
(3)
La
primera actividad de Jesús, que es la congregación de sus primeros discípulos
(Juan 1,35-51).
Esta parte final del primer capítulo del
Evangelio de Juan (1,35-51) es el punto más alto con relación a todo lo
anterior y constituye el verdadero comienzo de la narración evangélica, porque
es ahora cuando Aquel que ha sido presentado como el “verbo” comienza a
hablar. Por eso el relato contenido en
Juan 1,35-41 también podría denominarse: “Jesús -el Maestro- entra en acción”.
Pues bien, como lectores asistimos a las
primeras palabras de Jesús en el Evangelio, que son pocas pero significativas y
ocupan un lugar central en cada escena (cfr. Juan 1,38.39.42.43.47.48.50-51).
Éstas están dirigidas exclusivamente a aquellos con los cuales sostendrá la
relación más estrecha, es decir a sus discípulos, los mismos que experimentarán
y comprenderán su misterio y se convertirán luego en sus testigos.
1.2.
Características del primer encuentro
con Jesús
La manera como sucede el primer encuentro con Jesús,
los pasos y mediaciones que allí se dan,
permanecerá como paradigma para los discípulos de todos los tiempos
quienes comenzarán su camino de discipulado a partir de un “encuentro personal”
con Jesús.
Un dato
significativo, que anotamos para comenzar, es que mientras los otros tres
evangelios describen el llamado de los discípulos de manera breve (excepto Lc
5,1-10) y concisa en torno al significado del imperativo “Sígueme” -en los
llamados relatos vocacionales-, el evangelio de Juan prefiere describir con
todo su colorido la manera como se comienza a tejer la relación profunda entre
el maestro y sus discípulos, mostrándonos otro ángulo -quizás más profundo- de
lo que significa el “seguir” a Jesús.
El evangelio de Juan nos enseña, entonces,
desde su primera página cómo es un
encuentro con Jesús.
Si pudiéramos sintetizarlo todo en pocas
palabras podríamos decir que todo encuentro con Jesús es:
§ Personal
§ Original
§ Intenso
§ Significativo
§ Transformador
§ Provocador de nuevos encuentros
Sobre esta base el evangelista Juan
nos describe una serie de escenas, cada una con sus propias particularidades,
permitiéndonos así descubrir lo maravilloso que es encontrarse con Jesús y
todas las consecuencias que se derivan del encuentro. Estas escenas están encadenadas entre sí (las
dos primeras y las dos últimas por el testimonio de quien ya encontró a Jesús;
la segunda y la tercera por el motivo cronológico) y se desarrollan como en un crescendo, donde la identidad de la
persona de Jesús va apareciendo cada vez más clara y la percepción de los
discípulos (el “ver”) tiene mayor profundidad.
Veamos los rasgos característicos en las dos
primeras escenas de encuentro con Jesús de Nazareth.
2.
El encuentro de Jesús con Andrés y
su compañero: Juan 1,35-40.
Los elementos más importantes de este encuentro
se pueden esquematizar así:
-
Testimonio
acerca de Jesús (1,35-36)
-
Escucha
y respuesta al testimonio (1,37)
-
Caminar
en el seguimiento/búsqueda de Jesús (1,38)
-
Ir
y ver por sí mismo (1,39a)
-
Permanecer
con Jesús (1,39b).
Este esquema se sintetiza al final en dos
acciones básicas y dinámicas que van del “escuchar” al “seguir” (1,40). El
resultado es el seguimiento y éste se presenta como un “permanecer con Jesús”.
2.1. El testimonio
acerca de Jesús: el primer impulso (1,35-36)
En el primer encuentro dos discípulos se
cambian de escuela. Andrés y su otro compañero (ver 1,40) escuchan el
testimonio de Juan Bautista, de quien se dice son “dos de sus discípulos”
(1,35), y comienzan a seguir a Jesús (1,37).
El primer impulso para el encuentro lo da la
voz del testigo. Juan Bautista cumple
esta función, dada desde el prólogo (1,7) y ejercida ya por primera vez, el día
anterior, ante las autoridades de Israel (1,19-34). A diferencia del día anterior,
Jesús no “viene hacia él” (1,29) sino que “pasa”, “sigue su camino”, “traza una
ruta hacia adelante” (cfr. 1,35). Juan Bautista lo nota bien y sabe poner a sus
propios discípulos en ese camino.
El anuncio “He ahí el Cordero de Dios”
resuena por segunda vez (1,29 y 1,36).
El cumplimiento de su misión, implica para Juan
la pérdida de sus discípulos, por eso está a la altura de su vocación: “Es
preciso que él crezca y que yo disminuya” (3,30). De hecho él “no
era la Luz sino quien debía dar testimonio de la Luz” (1,8). Juan
Bautista es un maestro que sabe reconocer al verdadero maestro, no retiene a
los discípulos para sí, sabe desprenderse porque conoce quién es el
verdaderamente importante.
2.2. Escucha y
respuesta al testimonio (1,37)
El testimonio de Juan Bautista conduce hacia
Jesús a dos de sus discípulos: “Los dos
discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús” (1,37).
Observando el comportamiento de los discípulos
descrito en los dos verbos “oir” y “seguir”, podemos
comprobar cómo en el discipulado la escucha es importante pero el seguimiento
es decisivo.
La escucha es importante: “lo oyeron hablar así”. Lo
que atrae a los discípulos no es nada externo de la persona Jesús, ni siquiera
un cúmulo de conocimientos acerca de él. Lo que atrae es el significado de su
persona: la transformación que él puede obrar en mi vida a partir del don de su
perdón.
El seguimiento es decisivo: “siguieron a Jesús”. No basta saber
algo acerca de Jesús, el conocimiento pide dar un paso, un ponerse en
movimiento hacia el encuentro con él.
Con el testimonio se hace una primera idea de Jesús, con el encuentro se
vive la experiencia de la transformación.
2.3. Caminar en el
seguimiento/búsqueda de Jesús: ¿Cuáles son los motivos del seguimiento? (1,38)
Aquí sucede algo maravilloso. Los discípulos ya están siguiendo a Jesús,
pero no han dialogado con él. Ahora sucede el encuentro.
Jesús toma la iniciativa: se da media vuelta,
los “ve” en su actitud de seguirlo y se dirige hacia ellos. Su primera palabra (la primera de todo el
Evangelio) no es una afirmación sino una pregunta: “¿Qué buscáis?” (1,38a).
La pregunta pone al descubierto el corazón de
los discípulos, ellos son:
-
Hombres
en búsqueda: ciertamente “buscadores”, pero no siempre es claro de qué.
-
Hombres
que no se han quedado paralizados sino que se han puesto en camino: en Jesús
parecen haber una luz para sus inquietudes.
Jesús no los ha recibido con una larga
enseñanza acerca de Dios o de sus propósitos misioneros o sobre los objetivos
del seguimiento o sobre lo que él ve en el corazón de los hombres. Jesús
suscita un diálogo, un diálogo profundo que permite exponer los motivos del
corazón, allí donde se dan los compromisos.
Es curioso que los discípulos no le responden
qué buscan, a lo mejor todavía no lo pueden expresar con palabras. Una característica de la pedagogía de Jesús
en este evangelio es que educa a sus interlocutores para que sepan hablar
expresando sus motivos más profundos.
Los discípulos le responden con otra pregunta: “Maestro, ¿dónde vives?”
(1,38b)
2.4.
Ir y ver por sí mismo (1,39a)
La pregunta “¿Dónde vives?”, equivale
para un discípulo al “¿Dónde está tu escuela?”. Donde la intención de fondo es
pedir la prolongación del diálogo. Lo
que los discípulos buscan no se puede explicar a las carreras en medio de la
calle. Los discípulos piden tiempo,
desean hablar en paz con su nuevo “Maestro”.
Jesús acepta. Les dice: “Venid y lo veréis”
(1,39).
2.5.
Permanecer con Jesús (1,39b).
“Vieron dónde vivía y se quedaron con él (a
partir de) aquel día” (1,39ª).
Así como la escucha del testimonio los condujo al seguimiento de Jesús,
ahora los dos discípulos no sólo ven dónde habita el Maestro sino que “se
quedan” con él.
Se trata de un “entrar” en el mundo de Jesús y
entablar con él relaciones basadas en la confianza mutua. Además, el encuentro no queda como una hecho
ocasional sino como una experiencia estable, permanente; es el inicio de una
verdadera amistad. Sus vidas respiran en
una nueva atmósfera de relaciones y de vivencias que durará mucho.
La indicación acerca del día del suceso, e incluso
del detalle “eran más o menos las cuatro de la tarde” (1,39b), deja entender
que el encuentro con Jesús marcó su propia historia, fue el día y la hora
decisiva de sus vidas.
2.6. La dinámica del
ESCUCHAR al SEGUIR-PERMANECER (1,40)
La conclusión de esta primera escena aparece
así: “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a
Juan y habían seguido a Jesús” (1,40).
Esta frase es, al mismo tiempo, la introducción de la escena que sigue.
Pero como frase conclusiva, nos da una clave para comprender la dinámica de
fondo del encuentro con Jesús, ésta se da en proceso de la Escucha/Respuesta.
Los dos primeros discípulos de Jesús supieron dejarse conducir por aquél
que ya sabía quién era Jesús, Juan Bautista, y dieron el primer paso en su
itinerario como discípulos de un nuevo Maestro que les abriría definitivamente
nuevos horizontes en sus vidas. Pero
luego, ya junto con Jesús, volvieron a escuchar la palabra de Jesús y le
respondieron. En el fondo de esta
dinámica del Escuchar y Responder se nota una profundización en los motivos
profundos que había en el corazón de los discípulos. La escena nos deja así un
pequeño esquema que permanece como paradigma del encuentro con Jesús.
Escuchar
al testigo
|
Seguir
a Jesús
|
|
Ver Buscar
|
|
Escuchar
a Jesús
|
Permanecer
Con Jesús
|
Hay que aprender a escuchar al Maestro: con las
actitudes, los lugares y los tiempos que él lo requiere.
La palabra de Jesús “Venid y lo veréis” contiene
lo esencial del encuentro. Se trata de
una invitación (venid) y una promesa (veréis) importantes. Todo apunta hacia el
encuentro vivo y personal con el Maestro, y ése el núcleo del acto educativo. Jesús no les entrega un libro con doctrinas y
normas para que sean buenos discípulos, sino que los llama a un encuentro
personal de amistad, de comunión con él.
Por su parte los discípulos no pueden
permanecer a distancia, sin compromiso, como simples espectadores, sino que
deben comprometerse, andar con él y seguir su camino, el camino que él indique.
En definitiva, el “permanecer” con Jesús es
la forma concreta de seguirlo, porque el conocimiento de Jesús no se puede
tener a distancia, sino sólo en la comunión con él.
3.
El encuentro de Jesús con Simón Pedro.
Juan 1,41-42.
Este segundo encuentro está estructurado en
cinco pasos:
-
Búsqueda
de otro para compartirle la experiencia (1,41a)
-
Anuncio
del descubrimiento de la identidad mesiánica de Jesús (1,41b)
-
Conducir
el hermano a Jesús (1,42a)
-
Descubrimiento
del ser conocido por Jesús (1,42b)
-
Transformación
de la persona (1,42c)
3.1.
Búsqueda de otro para compartirle la
experiencia (1,41a)
El primer encuentro con Jesús desata una cadena
de encuentros: la experiencia de la relación personal con Jesús suscita nuevos
testimonios y conduce a él a nuevos discípulos.
El siguiente es Simón Pedro.
En los encuentros cuentan las relaciones
humanas: los discípulos conducen a Jesús a sus propios familiares, a sus
paisanos, a su círculo de amigos. En el
caso de Simón Pedro cuenta la relación familiar: “su hermano Simón” (v.41).
Como bien acentúa el relato, Andrés no se
encuentra a Simón Pedro por casualidad sino que lo busca.
3.2.
Anuncio del descubrimiento de la
identidad mesiánica de Jesús (1,41b)
Él quiere hacerlo partícipe de su nuevo y
maravilloso descubrimiento: “Hemos encontrado al Mesías”
(1,41). Testimoniar ahora es transmitir
el descubrimiento al hermano. En este
pasaje
-
“encontrar
a Jesús” es “descubrirlo”: un nuevo horizonte de experiencias y de
conocimientos vitales que se abre con él;
-
anunciar
a Jesús es una proclamación eclesial: no en primera persona sino en el plural
comunitario.
La experiencia vivida en el “permanecer”
con Jesús le ha permitido a Andrés y a su compañero comprobar que Jesús es el
Cristo, el Mesías enviado por Dios (ver 1,34).
El encuentro con Jesús es, en última instancia, una experiencia de Dios
y de su actuar salvífico y definitivo en
los últimos tiempos de la historia.
3.3.
Conducir el hermano a Jesús (1,42a)
Andrés no sólo anuncia quién es el Jesús que él
ha experimentado, sino que va más allá: lleva a su interlocutor hasta el lugar
donde está Jesús: “Y le llevó donde Jesús”.
Así como ya lo vimos con Juan Bautista, la
función del testigo es “conducir hacia”, es llevar al encuentro directo con
Jesús. El testimonio no suple la
experiencia, es apenas su soporte.
3.4.
Descubrimiento del ser conocido por
Jesús (1,42b)
Una particularidad de este encuentro con Jesús,
con relación al anterior, es que no se trata únicamente de saber quién es Jesús
sino de lo contrario: Jesús conoce a aquel que está delante de él.
Esta vez Jesús parte de la pregunta sino de un
gesto y de una afirmación: (1) El gesto es su mirada: “fijando su mirada en él”,
lo que indica conocimiento profundo, pero también probablemente amor; (2) Una
afirmación con la cual Él expresa lo que conoce de Simón Pedro:
-
Quién
es él
-
Cómo
se llamará en el futuro
La mirada penetrante de Jesús y la doble
repetición del “tú”, constituyen el momento vocacional, la invitación al
encuentro. En ello se puede notar todo
un camino de aprendizaje que se interpone entre las dos interpelaciones con
el “Tú”:
-
“Tú
eres”: ahora (en la que la relación más estrecha es la de la familia:
“hijo de...”).
-
“Tú
serás”: en el futuro (gracias al “permanecer con Jesús”).
Quién es él: “Tú eres Simón, el hijo de Juan”.
Antes de que el discípulo llegue a confesar su
fe (“Tú eres el Cristo”) Jesús deja saber que él sabe quién es aquél a quien
llama (“Tú eres Simón”). El contenido
del conocimiento es la persona de Simón como tal, como hombre distinto de los
demás, pero también su historia y su mundo familiar: es el “Hijo de Juan”. La experiencia de fe comienza de esta manera
tan sencilla: llegar a descubrir a quien verdaderamente conoce nuestra vida
personal, nuestras búsquedas y también nuestras raíces afectivas, el tejido de
las relaciones que nos dan identidad en el mundo.
3.5.
Transformación de la persona (1,42c)
Cómo se llamará en el futuro: “Tú te
llamarás Cefas…”. Y el evangelista inmediatamente traduce: “…que
quiere decir ‘Piedra’”. El
cambio de nombre no es algo superficial, indica más bien que algo sucede en la
identidad del discípulo cuando conoce al Maestro.
El encuentro es un diálogo de conocimiento
profundo, de revelación del quiénes somos y del quién es Él para nosotros, que
transforma la vida. El discípulo podrá decir: “desde el momento en que te
conocí algo comenzó a cambiar en mí”.
El cambio de nombre es también una expresión de
amor, muestra cuánto Jesús se interesa por su discípulo asignándole una tarea. La transformación en la vida del discípulo
tiene que ver con lo que le sucede interiormente a partir de su experiencia de amistad con Jesús y con la misión que, en su nombre, tendrá que
asumir por el resto de sus días.
4.
Releamos el Evangelio con un Padre
de la Iglesia
“…Eran como las cuatro de la tarde”
“‘¿A quién
buscáis?’ ¿Y qué viene a ser esto? ¿Aquel que conoce el corazón de los hombres,
aquel que conoce a fondo nuestros pensamientos se pone a hacer preguntas?
Pues sí, pero no
para aprender más sino que se sintieran cómodos con la pregunta, para inspirar
mayor confianza, para demostrar que los consideraba dignos de una conversación
(…).
Ellos no
demostraron apenas su deseo de seguirlo, sino también con la pregunta que le
hicieron. En efecto, lo llaman “Maestro” sin haber aprendido ni oído todavía
nada de su parte, ciertamente contándose entre sus discípulos e indicando la
razón por la cual lo habían seguido: esto es, el deseo de escuchar algo útil
(…).
Eran más o menos
las cuatro (…). Tenían hora fija para sus comidas, para bañarse y para todas
las otras cosas de la vida cotidiana; pero el aprendizaje de la sabiduría
celestial no tiene hora determinada: todos los momentos son buenos”.
(San Juan Crisóstomo, Homilía sobre Juan, 18)
5.
Cultivemos la semilla de la Palabra en el corazón
5.1. ¿Cómo comenzó la relación entre
Jesús y sus primeros discípulos?
5.2. ¿Qué características tiene todo
encuentro con Jesús? ¿Qué me ha sucedido a mí?
5.3. ¿De qué manera mi vida de fe,
personal y comunitaria, se dinamiza a partir de los pasos que nos presenta el
pasaje de hoy?
5.4. ¿Me preocupo por traer a otras
personas hacia Jesús? ¿Lo hago con mi familia, mis amigos, mis compañeros de
trabajo, mis vecinos?
5.5. ¿Qué significa la expresión de
Jesús “Vengan y vean”? ¿Mi discipulado tiene fuerza a partir de esa frase
programática? ¿Cómo vivirla hoy?
P. Fidel Oñoro, cjm
Centro Bíblico del CELAM